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En cualquier tienda de animales hay un pasillo entero de golosinas para perros. Galletas con forma de hueso, tiras masticables, bocados liofilizados, barritas de colores. Casi todas prometen ser naturales, irresistibles y saludables, y casi ninguna te dice lo que de verdad importa, si esa chuche le va a servir a tu perro para aprender o si solo va a sumar calorías a su día.

Después de más de dieciséis años trabajando con perros, he comprobado que la diferencia entre una sesión que fluye y una que se atasca muchas veces está en lo que llevo en la bolsa de premios. Por eso, cuando trabajo en adiestramiento canino a domicilio, una de las primeras cosas que reviso con cada familia es qué chuches para perros usan y cómo las usan.

En este artículo vas a encontrar un criterio práctico para elegir golosinas, cómo leer la etiqueta sin perderte, qué formatos existen y para qué sirve cada uno, y por qué la mejor golosina no es la más cara, sino la que encaja con lo que tu perro siente en cada momento.

Podcast Cómo elegir las golosinas de tu perro

Qué es una buena golosina para perros

Una golosina no es un capricho sin más. Desde el punto de vista del perro, es información. Cada vez que recibe un bocado justo después de hacer algo, su cerebro asocia esa conducta con una experiencia agradable y aumenta la probabilidad de que la repita. Es la base del refuerzo positivo, y funciona tanto si lo haces a propósito como si no.

Desde el Adiestramiento Cognitivo Emocional añadimos una capa más. El premio no solo refuerza una conducta, también tiñe de emoción la situación en la que ocurre. Un perro que recibe algo que le encanta mientras cruza por delante de una moto aprende que las motos anuncian cosas buenas. Por eso elegir bien la golosina es mucho más que una cuestión de nutrición.

Para mí, una buena golosina para perros cumple cinco condiciones.

  • Es pequeña. Del tamaño de un garbanzo o menos para un perro mediano, para que pueda dar muchas sin llenarlo.
  • Se traga rápido. Si el perro tiene que masticar durante varios segundos, se desconecta de lo que estaba haciendo y se concentra en comer. Este es probablemente el punto que más se subestima.
  • Huele mucho. El olfato es el sentido dominante del perro. Una golosina con olor intenso capta su atención incluso en entornos llenos de estímulos.
  • Es apetecible para ese perro en concreto. No todos los perros valoran lo mismo. La palatabilidad se mide mirando al perro, no leyendo el envase.
  • Es segura y digestiva. No le sienta mal, no contiene ingredientes peligrosos y tiene un tamaño que no supone riesgo de atragantamiento.

Las golosinas que uso en mis sesiones y por qué

Te cuento lo que llevo yo en la bolsa, porque creo que es más útil que una lista teórica.

Mi premio de base es un pienso semihúmedo de alta calidad, en bocados pequeños, de pollo. Cumple todo lo anterior. El perro lo traga en un instante, tiene un olor intenso que atrae su atención y su palatabilidad es alta para la gran mayoría de perros. Elijo la variedad de pollo porque es un alimento base, bien aceptado y bastante más económico que el cordero o el salmón, algo que importa cuando en una sesión puedes dar decenas de premios.

Para momentos especiales, cuando necesito un premio de valor muy alto, a veces uso trocitos de salchicha de Frankfurt. Lo hago de forma puntual y con cuidado, porque no a todos los perros les sienta bien y es un alimento procesado con bastante sal. No es un premio para el día a día.

Hay un tercer caso que no admite discusión. Cuando un perro tiene problemas digestivos o de salud importantes, el tutor debe avisarme antes de empezar y somos nosotros quienes nos adaptamos. En esas sesiones se usa el premio que la familia facilita, normalmente el que ha indicado su veterinario. El mejor plan de educación del mundo no compensa un problema digestivo.

Cómo leer la etiqueta de unas golosinas para perros

En la Unión Europea, la mayoría de las golosinas para perros se clasifican como alimento complementario. Esto significa que no están pensadas para cubrir por sí solas las necesidades nutricionales del perro, sino para complementar su dieta habitual. El código de buenas prácticas de etiquetado de FEDIAF y ANFAAC explica qué información debe aparecer en el envase, y conocerla te ahorra muchas decepciones.

Fíjate en estos puntos.

  • La composición. Los ingredientes aparecen en orden decreciente de peso. Si lo primero que lees es un cereal o un azúcar, eso es lo que más hay. En una golosina para educar, lo ideal es que la proteína animal encabece la lista.
  • El ingrediente destacado. Si la bolsa presume de pollo o de salmón con palabras o con fotos, la normativa obliga a indicar el porcentaje de ese ingrediente. Compara ese número entre marcas, porque una foto de un filete enorme puede corresponder a un porcentaje muy modesto.
  • Los componentes analíticos. Proteína bruta, grasa bruta, fibra bruta y cenizas. No necesitas ser nutricionista para usarlos. Te sirven para comparar dos productos parecidos.
  • La humedad. Se declara cuando supera el 14%. Las golosinas semihúmedas suelen ser más blandas y se tragan con más facilidad que las secas.
  • Las instrucciones de uso. El fabricante debe orientar sobre la cantidad diaria. Si vas a usar muchas golosinas en una sesión, tenlo en cuenta al calcular la ración de comida de ese día.

Un detalle que conviene revisar siempre es si el producto, o cualquier crema de cacahuete que uses para rellenar juguetes, contiene xilitol. La FDA advierte de que este edulcorante provoca en el perro una liberación intensa de insulina que puede causar una bajada peligrosa de azúcar en sangre en un intervalo de entre 10 y 60 minutos.

Formatos de golosinas y para qué sirve cada uno

No existe la golosina perfecta para todo. Dentro de las golosinas para perros hay formatos muy distintos, y cada uno tiene su función. Conocerla te ayuda a elegir según lo que vayas a hacer.

Semihúmedas en bocados pequeños

Son mi primera opción para educar. Blandas, aromáticas y fáciles de tragar. Permiten trabajar a buen ritmo, con repeticiones seguidas, sin que el perro pierda el hilo del ejercicio. Si son grandes, puedes partirlas con los dedos.

Liofilizadas y deshidratadas

Suelen ser de un solo ingrediente, como carne o pescado, y muy apreciadas por los perros. Son ligeras y prácticas para llevar en el bolsillo. Algunas se desmenuzan con facilidad, lo cual permite dosificar trozos minúsculos. Otras son más duras y requieren masticar, así que pruébalas antes de usarlas en un entrenamiento.

Galletas y snacks horneados

Crujientes y cómodas de guardar, pero en general demasiado grandes y secas para trabajar. El perro tarda en comerlas, deja migas por el suelo y se distrae buscándolas. Funcionan mejor como detalle puntual en casa que como premio de entrenamiento.

Masticables de larga duración

Tiras, tendones, orejas o huesos prensados. No son premios para enseñar, sino actividades en sí mismas. Bien elegidos, ayudan a que el perro se relaje y gestione el aburrimiento. La WSAVA recomienda supervisar siempre al perro mientras los come, evitar los masticables muy duros con bordes afilados y tener precaución con los productos animales crudos o sin procesar por el riesgo de patógenos. También advierte de que algunos masticables aportan muchas calorías por unidad.

Golosinas dentales

Si te interesa este formato por la salud bucal de tu perro, busca productos que hayan sido evaluados por el Veterinary Oral Health Council, que concede su sello a los que demuestran eficacia en el control de placa o sarro. Aun así, el cepillado sigue siendo el método de referencia.

Golosinas caseras

Trocitos de pollo cocido sin sal, por ejemplo, pueden ser un premio excelente. Si te interesa esta opción, en el artículo sobre cuándo dar premios a tu perro y por qué tienes una sección con ideas sencillas y seguras.

La escala de valor, una golosina para cada emoción

Aquí está, para mí, la clave de todo el artículo. Una misma golosina no vale lo mismo en todas las situaciones, porque el perro no está igual en todas ellas.

Un estudio de Riemer y su equipo, publicado en 2018 en Applied Animal Behaviour Science, comparó la motivación de los perros ante premios de distinta cantidad y calidad. Los perros corrían más rápido hacia un trozo de salchicha que hacia un trozo de pienso seco, pero no mostraron diferencias significativas entre recibir uno o cinco trozos de pienso seco. Es decir, para el perro pesa más lo apetecible que sea el premio que su cantidad.

Ilustración de un perro ante tres cuencos con aromas crecientes que representan la escala de valor de los premios

En la práctica, propongo pensar en tres niveles.

  • Valor bajo. Su pienso habitual. Sirve en casa, sin distracciones, para conductas que el perro ya domina.
  • Valor medio. Una golosina semihúmeda de calidad. Es el premio de trabajo, el que uso en la mayoría de los ejercicios y en la calle.
  • Valor alto. Algo excepcional, como un trocito de salchicha o de pollo cocido. Lo reservo para lo difícil, cuando el entorno compite fuerte por su atención o cuando el perro se enfrenta a algo que le inquieta.

Lo que sube o baja el valor necesario no es solo el ejercicio, es el estado emocional del perro. En un salón tranquilo, un perro relajado trabaja por casi cualquier cosa. En una calle con tráfico, perros y olores, ese mismo perro necesita algo que compita con todo lo que pasa a su alrededor. Y si la situación le genera inseguridad, un premio potente ayuda a que esa experiencia quede asociada a algo agradable.

Si tu perro rechaza comida que en casa le encanta, tómalo como una señal de que está más tenso de lo que parece. En esos casos conviene alejarse del estímulo y bajar la exigencia, y si se repite a menudo, vale la pena revisar con calma qué le ocurre, como explico en el artículo sobre el miedo en perros.

Hay otra situación que no es la más habitual, pero que ocurre. A veces el perro valora el esfuerzo que se le pide. Cuando un ejercicio le cuesta más, si mantienes el mismo premio de siempre puede dejar de interesarse por el trabajo. No es tozudez ni falta de cariño, es que la balanza entre lo que le pides y lo que recibe ha dejado de compensarle. En esos casos toca subir el valor de la recompensa.

El error más frecuente con las chuches para perros

El error que más veo en las familias no tiene que ver con qué golosina compran, sino con cuándo la sacan. Hay dos variantes muy comunes.

La primera es dar la chuche antes de que el perro haya terminado el ejercicio. Si le pides que se quede sentado y le das el premio mientras se está levantando, lo que acabas de reforzar es levantarse.

La segunda, y peor, es enseñar la chuche para conseguir que el perro haga lo que necesitas. Así el premio deja de ser una consecuencia y se convierte en una condición. El perro aprende que solo vale la pena obedecer cuando ve comida, y sin ella simplemente no hay trato.

Hay un matiz importante. Las primeras veces que enseñas un ejercicio nuevo, mostrar la golosina sí está indicado, porque sirve de guía para que el perro entienda qué le pides. Pero en cuanto lo ha comprendido, la golosina debe desaparecer de la vista.

A partir de ese momento pides el ejercicio sin mostrar nada, y solo cuando lo ha ejecutado y le has dicho tu palabra de refuerzo, por ejemplo, muy bien, sacas el premio. Esa palabra se convierte en un puente entre la conducta y la recompensa, y con el tiempo adquiere valor por sí misma. Si quieres profundizar en esta secuencia y en otros momentos clave para premiar, la tienes desarrollada en el artículo sobre cuándo dar premios a tu perro.

Golosinas según el perro

No todas las golosinas para perros que ves en el estante sirven para cualquier perro. Ajusta la elección a quien tienes delante.

  • Bocados blandos y muy pequeños, adecuados a su tamaño de boca. Comprueba en la etiqueta que el producto sea apto para su edad y presta atención a cómo le sienta cada novedad. En las clases para cachorros trabajamos la elección del premio desde el primer día, porque lo que aprendan en esta etapa se queda.
  • Perros pequeños. Su ración diaria es reducida, así que cada golosina pesa mucho en el total. Trocea más que nunca.
  • Perros grandes. Pueden tragar trozos más grandes, pero el criterio no cambia. Mejor varios bocados pequeños que uno grande que tengan que masticar.
  • Perros con alergias, sensibilidad digestiva o dieta veterinaria. La WSAVA recuerda que en estos casos las golosinas convencionales pueden no ser adecuadas. Antes de probar nada, consulta con su veterinario qué tipo de premio puede tomar.
  • Perros con sobrepeso. Usa parte de su ración diaria como premio y reserva las golosinas para los momentos difíciles.

Collage de un cachorro, un perro pequeño y uno grande, cada uno con una golosina de su tamaño

Cuántas golosinas puede comer un perro al día

La referencia más aceptada es la de la WSAVA, según la cual los premios no deberían superar el 10% de las calorías diarias del perro. El resto debe proceder de una dieta completa y equilibrada. Si el envase no indica las calorías de la golosina, la propia WSAVA aconseja pedir ese dato al fabricante.

En la práctica, en los días de mucho entrenamiento la solución es sencilla. Resta de su comida habitual una parte proporcional y úsala también como premio de valor bajo. Si no tienes claro cuánto debería comer tu perro, puede ayudarte la guía sobre cuánto debe comer un perro según su tamaño.

Golosinas que conviene evitar

Hay productos que no compensan, aunque el perro los adore.

  • Las que tienen azúcares o cereales encabezando la composición. Aportan calorías y poco más.
  • Las grandes y duras para entrenar. No son peligrosas por sí mismas, pero rompen el ritmo del aprendizaje.
  • Las que contienen xilitol o ingredientes que la WSAVA considera tóxicos para el perro, como chocolate, uva y pasas, cebolla, ajo o nueces de macadamia. Tienes la lista completa y sus efectos en el artículo sobre alimentos tóxicos para perros.
  • Los restos de nuestra comida. Además de los riesgos para la salud, enseñan al perro a pedir en la mesa.
  • Los huesos cocidos y los masticables muy duros, por el riesgo de fracturas dentales y obstrucciones que señala la WSAVA.

No olvides que una golosina no es la única recompensa posible. El juego, una carrera juntos o un rato de búsqueda olfativa también son premios valiosos para muchos perros. Los juegos de olfato son, de hecho, una forma excelente de usar golosinas para calmar en lugar de excitar.

Preguntas frecuentes sobre golosinas para perros

¿Es bueno darle chuches a los perros?

Sí, siempre que sean adecuadas, se den en una cantidad razonable y tengan un sentido. Usadas como premio después de una conducta que queremos ver, son una de las herramientas más eficaces para educar. El problema aparece cuando se dan sin criterio o en exceso.

¿Qué golosinas no debo darle nunca a mi perro?

Ninguna que contenga xilitol, chocolate, uvas o pasas, cebolla, ajo o nueces de macadamia. Evita también los huesos cocidos y los masticables muy duros. Ante cualquier duda sobre un producto concreto, consulta con tu veterinario.

¿Qué golosinas son adecuadas para cachorros?

Las blandas, muy pequeñas y aptas para su edad según la etiqueta. Introduce cada golosina nueva poco a poco, observa cómo le sienta y recuerda que las golosinas no deben sustituir a su alimento principal.

¿Cuántas golosinas puede comer un perro al día?

Como referencia, los premios no deberían superar el 10% de las calorías diarias del perro, según la WSAVA. Si entrenas mucho un día, resta una parte de su comida habitual para compensar.

¿Existen golosinas específicas para el adiestramiento?

Sí. Las mejores para entrenar son pequeñas, blandas, de olor intenso y fáciles de tragar, de modo que el perro no tenga que masticar y pueda seguir concentrado en el ejercicio. Las semihúmedas en bocados pequeños suelen cumplir estas condiciones.

La golosina adecuada abre la puerta al aprendizaje

Elegir bien las golosinas para perros no consiste en encontrar el producto más caro ni el que tiene la foto más bonita. Consiste en entender qué necesita tu perro en cada momento, cómo se siente, qué le motiva de verdad y qué le permite seguir pensando mientras aprende. Cuando el premio encaja, el entrenamiento se vuelve más fluido, el perro trabaja con ganas y vuestra relación se fortalece.

Si quieres que te ayude a elegir los premios adecuados para tu perro y, sobre todo, a usarlos para trabajar lo que de verdad os preocupa, ya sea obediencia, paseo o problemas de conducta, contacta conmigo. Trabajo a domicilio en Barcelona y alrededores, y también ofrezco modificación de conducta para los casos que necesitan un enfoque más profundo.

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