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Hay mañanas en las que, antes de preparar una sesión de trabajo, uno se pregunta de dónde venimos. La historia del adiestramiento canino es justo eso, el relato de cómo las personas y los perros hemos aprendido a entendernos a lo largo de los siglos. Conocerla no es solo un ejercicio de curiosidad nos da criterio para comprender por qué hoy entrenamos como entrenamos y por qué algunos métodos merecen quedarse en el pasado. Si estás valorando educar a tu perro de la mano de un profesional, este recorrido te ayudará a elegir mejor, por ejemplo, cuando contrates un servicio de adiestramiento canino a domicilio en Barcelona que respete de verdad a tu compañero.

Y si te interesa entender su comportamiento, te recomiendo leer también ¿Por qué muerde un perro?, un artículo que encaja muy bien con lo que vamos a ver. Dicho esto, al lío.

Podcast De los romanos a la neurociencia canina

Las primeras huellas, perros y humanos en la Antigüedad

La relación entre el ser humano y el perro es muy anterior a cualquier manual. Hablamos de miles de años de convivencia y de un proceso de domesticación que fue moldeando a la vez el comportamiento del animal y nuestra forma de relacionarnos con él. No es de extrañar, por tanto, que los primeros testimonios escritos sobre el manejo de perros aparezcan ligados a tareas tan antiguas como la caza y la guarda del ganado.

En la Antigüedad clásica encontramos referencias valiosas. El escritor y militar romano Marco Terencio Varrón, en sus obras sobre agricultura, dejó indicaciones sobre la cría y el cuidado de los perros destinados a proteger los rebaños. Antes que él, el griego Jenofonte había escrito un tratado sobre la caza con perros, conocido como Cinegético, donde reflexionaba sobre el carácter y el manejo de los animales.

Durante muchos siglos, sin embargo, ese conocimiento se transmitió sobre todo de forma oral, de cazador a cazador y de pastor a pastor. Hubo que esperar al siglo XX para que el adiestramiento de perros se convirtiera en una disciplina sistematizada, con métodos descritos y reproducibles. Y ahí aparece una figura imprescindible en la historia del adiestramiento canino.

Perros de guarda y de caza en la Antigüedad, primeros indicios de la historia del adiestramiento canino

Konrad Most, el padre del adiestramiento canino moderno

Si tenemos que señalar a una persona como punto de partida del adiestramiento tal y como lo entendemos hoy, ese es el coronel alemán Konrad Most. Comenzó a entrenar perros policía a comienzos del siglo XX y en 1910 publicó Training Dogs, traducido como Entrenando perros, considerado uno de los primeros manuales serios de adiestramiento canino.

Lo asombroso de Most es que se adelantó a su tiempo. Casi tres décadas antes de que el psicólogo B. F. Skinner publicara La conducta de los organismos en 1938, Most ya aplicaba de forma intuitiva conceptos del condicionamiento operante, como el refuerzo primario y secundario, el moldeado, el desvanecimiento y el encadenamiento de conductas. Describía el refuerzo como esa experiencia agradable que el perro recibe cuando hace algo bien, y utilizaba su voz y sus tonos suaves como reforzadores secundarios, igual que muchos profesionales usamos hoy el clicker.

Para situar la base científica que él intuía, conviene recordar que el condicionamiento operante parte de la ley del efecto de Thorndike y fue formalizado por Skinner, quien demostró que las conductas seguidas de consecuencias agradables tienden a repetirse. Most fue, en cierto modo, un adelantado que entendió esa lógica antes de que la ciencia le pusiera nombre.

Los métodos de los inicios, eficacia y dureza

Ahora bien, conviene ser honestos con la historia. Aunque Most comprendía el papel del refuerzo, sus métodos, vistos con los ojos de hoy, resultaban duros y muy basados en la compulsión. Y no fue el único.

Uno de los nombres más influyentes de aquella primera etapa fue William Koehler, conocido como Bill, entrenador jefe de animales para los estudios Disney, que empezó a trabajar con perros en California en 1946. Su método, recogido años después en un libro muy popular, defendía dejar que el perro se equivocara para después aplicar un castigo. Llegó a entrenar a decenas de miles de perros y su enfoque marcó a varias generaciones.

Hoy sabemos que estos planteamientos, centrados en el castigo y la corrección física, no solo son innecesarios, sino que pueden dañar la confianza del perro y deteriorar su relación con las personas. Los cito porque forman parte de la historia del adiestramiento canino, no porque tengan cabida en una educación respetuosa.

El giro hacia el refuerzo positivo

Afortunadamente, la historia del adiestramiento canino también es la historia de cómo fuimos suavizando el trato hacia los perros. Una de las primeras voces en ese cambio fue la de Blanche Saunders, que a mediados del siglo XX defendió que los perros aprenden asociando sus actos con consecuencias agradables o desagradables. Aunque todavía utilizaba el collar de eslabones, propio de su época, introdujo la comida como ayuda, nunca como soborno, y dio un papel central a las caricias y a las alabanzas. Se la considera una de las pioneras en destacar la importancia del refuerzo, abriendo el camino hacia el entrenamiento en positivo.

Pocos años después, en 1958, Milo Pearsall publicó Dog Obedience Training, un libro que apostó por un enfoque mucho más amable. Pearsall animaba a felicitar al perro incluso después de una corrección, para que entendiera que, aunque se hubiera equivocado, seguía siendo querido. Además, fue de los primeros en hablar de la selección del cachorro y de la importancia de la socialización temprana, insistiendo en que esas primeras clases debían ser divertidas y no sesiones formales. Esa idea conecta de lleno con lo que hoy trabajamos en las clases para cachorros en Barcelona, donde el juego y el vínculo son la base del aprendizaje.

Los inicios del adiestramiento canino moderno a principios del siglo XX

Los nombres que humanizaron el entrenamiento, de Strickland a Dunbar

A partir de los años sesenta, varias figuras terminaron de dar forma al adiestramiento moderno. Winifred Strickland, que llevaba compitiendo en pruebas de obediencia desde 1940 y acumuló más de ciento sesenta títulos, publicó en 1965 Expert Obedience Training for Dogs. Fue una de las primeras en subrayar la importancia del timing, es decir, del momento exacto en que se premia o se corrige, y en proponer entrenar primero en distancias cortas para ir ampliándolas poco a poco. También describió cómo emparejar la comida con la alabanza hasta que el perro acababa trabajando solo por el reconocimiento de su guía. Y, algo muy avanzado para su época, defendió que los perros de trabajo vivieran en familia y no encerrados en jaulas.

El gran salto llegó con Ian Dunbar, veterinario y experto en comportamiento animal. En 1982 creó su programa SIRIUS de educación para cachorros y popularizó el método de guiado y recompensa, basado en pedir al perro la conducta de forma amable y reforzarla con premios de vida, como oler, jugar o pasear. Su enfoque, que invitaba a mirar el mundo desde el punto de vista del perro, transformó la profesión. Antes de él, buena parte del adiestramiento consistía en castigar al perro adulto por sus errores. Esa filosofía respetuosa es la que inspira hoy servicios como las clases de obediencia canina a domicilio, pensadas para enseñar sin miedo ni imposición.

Karen Pryor y el clicker, la ciencia llega al gran público

Ningún recorrido por la historia del adiestramiento canino estaría completo sin Karen Pryor, bióloga del comportamiento y entrenadora de mamíferos marinos. Su experiencia con delfines fue clave, porque a un delfín no se le puede obligar ni castigar, simplemente deja de colaborar. Eso la llevó a perfeccionar el uso del refuerzo positivo y a trasladar al gran público los principios del condicionamiento operante de Skinner.

En 1984 publicó Don’t Shoot the Dog, conocido en español como No lo mates, enséñale, una obra que se convirtió en una especie de biblia para muchos entrenadores. Karen Pryor popularizó el uso del clicker, un pequeño aparato que emite un chasquido y que funciona como señal de marcado, informando al perro del momento exacto en que ha hecho lo correcto y tendiendo un puente entre la conducta y el premio. En el año 2000 fundó además su propia academia para formar profesionales.

Karen Pryor falleció en enero de 2025, dejando un legado enorme. Gracias a ella, el entrenamiento amable y basado en la ciencia dejó de ser cosa de unos pocos para llegar a millones de hogares.

Del año 2000 a hoy, la era del bienestar y la cognición

Si los pioneros nos enseñaron qué hace el perro, las últimas décadas nos han ayudado a entender qué siente y qué comprende. La historia del adiestramiento canino del siglo XXI se escribe desde la ciencia del comportamiento y, sobre todo, desde el respeto al bienestar animal.

Un buen ejemplo es el trabajo del neurocientífico Gregory Berns, de la Universidad de Emory, que entrenó a perros para permanecer quietos y despiertos dentro de una máquina de resonancia magnética y así observar su cerebro en funcionamiento. Sus investigaciones mostraron que el cerebro de muchos perros responde a la alabanza de su tutor tanto o más que a la comida. Dicho de otro modo, la ciencia confirmó algo que los buenos entrenadores intuíamos, el afecto es un motor de aprendizaje tan potente como cualquier premio.

Este cambio de mirada ha tenido consecuencias prácticas enormes. El adiestramiento ya no busca solo que el perro obedezca, sino que aprenda sintiéndose seguro y comprendido. De ahí que la modificación de conductas caninas se aborde hoy atendiendo a las emociones que hay detrás de cada comportamiento, y no como una simple lista de órdenes que imponer.

El adiestramiento cognitivo emocional, el eslabón más actual de esta historia

Llegamos así al presente, al punto donde se encuentran toda esa herencia y los conocimientos más recientes. El adiestramiento cognitivo emocional es, en mi opinión, el eslabón más avanzado de esta larga cadena. Este enfoque, sistematizado en el ámbito hispano por Carlos Alfonso López y su equipo, parte de una idea sencilla y a la vez revolucionaria, los perros no solo aprenden por asociación de estímulos, también poseen emociones y capacidades cognitivas que podemos aprovechar.

La diferencia es profunda. En lugar de buscar únicamente que el perro repita una conducta para obtener comida o evitar un tirón de correa, el adiestramiento cognitivo emocional persigue que comprenda el objetivo de lo que hace y que termine trabajando por el afecto hacia su guía. Es decir, recoge lo mejor del refuerzo positivo y lo lleva un paso más allá, hacia una relación de equipo y confianza.

En EducaGos trabajamos a partir de esta base porque la consideramos la más seria, la más respetuosa y la que mejor encaja con lo que la ciencia nos cuenta sobre los perros. Si quieres profundizar en cómo funciona, te explico todos los detalles en el artículo sobre el Adiestramiento Cognitivo Emocional. Y si todavía te cuesta diferenciar las distintas figuras profesionales, este otro texto sobre las diferencias entre etólogo, adiestrador o educador canino te resultará muy útil.

Educador canino aplicando el adiestramiento cognitivo emocional con un perro en Barcelona

Preguntas frecuentes sobre la historia del adiestramiento canino

¿Cuándo empezó la historia del adiestramiento canino?

Los primeros testimonios escritos se remontan a la Antigüedad clásica, con autores como el romano Varrón o el griego Jenofonte, que ya describían el manejo de perros de guarda y de caza. Sin embargo, el adiestramiento canino como disciplina sistematizada, con métodos descritos y reproducibles, no surgió hasta principios del siglo XX de la mano de Konrad Most.

¿Quién es considerado el padre del adiestramiento canino moderno?

El coronel alemán Konrad Most. Con la publicación de su manual en 1910, sentó las bases del entrenamiento profesional y aplicó principios del condicionamiento operante casi treinta años antes de que la psicología los formulara de manera científica.

¿Cuándo apareció el adiestramiento en positivo?

El giro hacia el refuerzo positivo se fue gestando a mediados del siglo XX, con figuras como Blanche Saunders y Milo Pearsall. Se consolidó y popularizó en los años ochenta gracias a Ian Dunbar y a Karen Pryor, impulsora del entrenamiento con clicker.

¿Qué es el adiestramiento cognitivo emocional y por qué es el más actual?

Es el enfoque que tiene en cuenta no solo cómo aprende el perro por asociación, sino también sus emociones y capacidades cognitivas. Busca que el animal comprenda el objetivo de cada acción y que trabaje por el vínculo con su guía. Se apoya en los últimos hallazgos científicos sobre la mente y las emociones caninas, por eso lo consideramos el método más completo en la actualidad.

¿Siguen utilizándose los métodos antiguos de adiestramiento?

Por desgracia, todavía existen profesionales que recurren a métodos basados en el castigo y la coerción. La evidencia científica y la experiencia demuestran que los métodos respetuosos y en positivo son más eficaces y seguros para el perro, además de fortalecer la relación con su familia. Por eso son los recomendables.

Lo que la historia nos enseña sobre cómo educar hoy

Repasar la historia del adiestramiento canino nos deja una lección clara. Hemos pasado de la imposición y el castigo a la comprensión, el respeto y el afecto, y cada avance ha mejorado tanto la obediencia del perro como su bienestar y su relación con nosotros. Conocer este camino no es un capricho de aficionado, es lo que nos permite elegir, hoy, un método que cuide a nuestro compañero.

Si quieres que tu perro aprenda desde la confianza y no desde el miedo, y que vuestra convivencia sea de verdad un trabajo en equipo, estaré encantado de ayudarte. Puedes diseñar conmigo un plan a la medida de tu perro y de tu familia. Contacta conmigo cuando quieras y empezamos a escribir vuestra propia historia.

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